Introducción



Crisis? What crisis?

No. No he enloquecido. Al menos aún no del todo.

Esta semana ha hecho un mes. El 25 lo hizo. Sí, era Navidad hace un mes el 25. Ese día recibí un soplo de vida desde muy lejos. Quizá desde muy cerca a la vez. Y no, no me he vuelto loco.

Corría Febrero de 2008 y paseando me lo encontré. Ambos paseábamos cada uno por su lado. Al vernos de lejos nos acercamos el uno al otro. A pesar del frío, él lucía la mejor de sus sonrisas. No me percaté de ella hasta después de que me diera la noticia. De hecho, esa era la mejor de sus sonrisas, pero ya nos tenía a todos acostumbrados a ella.

Me han encontrado un cáncer en el pulmón –me dijo-. Es pronto aún para decirlo, pero entre seis meses y un año calculan. Fue entonces cuando aprecié esa sonrisa que aún estaba ahí. Esa sonrisa tan suya que nunca olvidaré.

A los pocos meses, en el círculo más íntimo, intentábamos tomar consciencia de que quizá, en el peor de los casos, no llegaría a esa Navidad de 2008. Pero no ocurrió así: No solamente llegó a esa Navidad, sino que llegó además a la de 2009 …. y prácticamente a la de 2010. Venciendo a un cáncer al que prácticamente no sólo paró, sino que lo estaba empezando a hacer remitir.

Durante todo este tiempo nos hemos estado viendo. Siempre he tenido la sensación de que, más que verlo yo a él, era él el que me veía a mí. Creo que yo sólo era un testigo más de esa naturalidad con la que abordaba todo. De su tranquilidad. De su sosiego. De sus enormes ganas de vivir. De luchar. De ganar. De la intensidad con la que aprovechaba cada minuto. Una intensidad que siempre fue de la mano de una extraordinaria calma.

Y del brillo de sus ojos. Ese brillo que supongo que tiene todo aquel que cada día es consciente de que, ese día, se lo está robando a la muerte. De que está viviendo un día de Vida.

¡¡Cuántas lecciones me ha dado a lo largo de este tiempo!!

Un tiempo de crisis en el que hemos tenido que mirar…. hasta la longitud de la llama del mechero: Para que dure más y no tener que comprar otro. Tiempos duros. Muy duros.

Durante estos años, cada vez que yo lo veía todo oscuro, el azar (te juro que era el azar) me ponía delante a Joan. El me regalaba esa sonrisa. Charlábamos un rato de cualquier banalidad. Y al separarnos yo volvía a tener todas las cosas en su sitio.

Siempre quise agradecérselo. Pero no lo hice. Y sufrí por eso el día de su funeral, el 25 de Diciembre de 2010.

Hoy, sé que no hizo falta que se lo dijera. Hoy sé que, al menos desde que se le diagnosticó la enfermedad y hasta el último día, dio una lección de vida a los que le rodeaban y quisieron recibirla. Y hoy sé también, que este tiempo fue en el que se sintió más vivo que nunca.

¿Qué quién motiva al motivador? Pues si crees que yo soy un motivador… Que lo sepas: Soy un aprendiz al lado de Joan y sus lecciones.

Tenía que hacerle este homenaje.

Y hazme un favor. De hecho, házselo a los que te rodean. De hecho, háztelo a ti: Coge por las solapas a la vida y mírale a los ojos. Para que la vida vea en ti ese brillo en la mirada: De alguien como tú, que le está robando un día a la muerte y esta viviendo la VIDA. Con la mejor de tus sonrisas.

Sabes que siempre te abrazo al despedirme. Hoy me permitirás que el abrazo se lo dé a Joan. Abrazando cada uno de los corazones de la gente que le amó. Porque Joan sigue vivo: Reside ahí. Y sé que está sonriendo.