Introducción



Tener razón o ser feliz

Una vez escribí (no sé si lo había leído en alguna parte):

“Preocúpate por tu conciencia, no por tu reputación, tú conciencia es lo que eres. Tu reputación es lo que otros piensan de ti, y lo que piensan es su problema.”

Jill Bolte Taylor era una acreditada neuróloga (neuroanatomista) cuando, en 1996, a los 37 años de edad, sufrió un ictus hemorrágico en el hemisferio cerebral izquierdo, del que fue testigo consciente, con una percepción mayor debido a su propia formación neurológica.

Según su testimonio, vivió toda aquella experiencia –ataque, diagnóstico, intervención, recuperación posterior durante ocho años- como “una bendición” que habría de cambiar su modo de vivir y de ver la vida.

Animada por un deseo de ayudar a quienes pueden sufrir un accidente similar, así como a los familiares o personas que les ayuden, en la actualidad se dedica a ofrecer conferencias sobre lo que fue su propia experiencia.

En realidad, su motivación es más amplia: quiere animar a las personas a entrar conscientemente en contacto con el hemisferio derecho de nuestro cerebro, con nuestra “mente derecha”, para vivir de un modo más pleno, en la gratitud, la alegría y la compasión que se experimentan cuando somos capaces de vivir en el presente.

Jill B. Taylor recogió esa experiencia, con lo que aprendió de ella, en un libro publicado en 2006: My Stroke of insight, que se tradució al castellano con el título Un ataque de lucidez.

Junto con la admiración que me despertó el modo como vivió su proceso de recuperación, me llamó mucho la atención el relato de las vivencias que tuvo durante el tiempo en que su hemisferio izquierdo fue anegado en sangre, quedando activo únicamente, en cierto modo, el derecho.

En concreto, me parece importante su invitación a conectar voluntariamente con nuestra “mente derecha”: es lo que hacemos cada vez que venimos al momento presente, volcados en lo que hacemos.

Hasta un cierto punto, se trata de una experiencia en la que no hay “pensamiento”, pero sigue habiendo “conciencia”. Lo que, en cualquier caso parece claro es que, para “venir” y “permanecer” en el hemisferio derecho, necesitamos aprender a acallar la mente: de hecho, una mente silenciosa es garantía de que nos hallamos en él.

Jill B. Taylor cuenta que vivió el “viaje hacia el abismo sin forma de una mente callada, donde la esencia de mi ser quedó envuelta en una profunda paz interior… Mi conciencia entró en una fase en la que sentía que era una con el universo”.

“Para la mente derecha (hemisferio derecho), no existe más tiempo que el momento presente: el ahora intemporal. Es un momento en que todo y todos estamos conectados como una sola cosa.

“El hemisferio izquierdo manifiesta ese concepto de tiempo en el que nuestros momentos se dividen en pasado, presente y futuro. Es también el centro de nuestro ego, quien define nuestro yo”.

En este vacío de cognición superior y detalles acerca de mi vida normal [tras padecer el ictus], mi conciencia ascendió a un estado de “saberlo todo”, de “ser uno” con el universo… "En lugar de un flujo continuo de experiencia que se pudiera dividir en pasado, presente y futuro, cada momento parecía existir en perfecto aislamiento… Sentí que mi espíritu renunciaba a su unión con este cuerpo y quedé liberada del dolor."

Me sentía como un genio liberado de su botella… Esa ausencia de límites físicos, mejor que el mejor de los placeres que podemos experimentar como seres físicos, era una beatitud gloriosa… Aquel día especial aprendí el significado de simplemente «ser»…"

“Toda mi concepción del yo cambió, porque ya no me percibía a mí misma como un individuo, un sólido, una entidad con contornos que me separaban de las entidades que me rodeaban. Comprendí que en lo más elemental soy un fluido… Mi alma era tan grande como el universo y se regocijaba alegremente en un mar sin límites… En algún lugar en el fondo de mí había un ser jubiloso."

[A partir de lo vivido durante la experiencia del ictus y del proceso de recuperación posterior], “la bendición que había recibido con aquella experiencia era el conocimiento de que la paz interior es accesible para cualquiera en cualquier momento… En cualquier momento podemos decidir conectar con la parte derecha de nuestro cerebro… La paz está sólo a un pensamiento de distancia, y lo único que tenemos que hacer para acceder a ella es acallar la voz de nuestra dominante mente izquierda…"

“Qué maravilloso don ha sido este ataque que me ha permitido elegir y decidir quién y cómo quiero ser en el mundo. Antes del ictus, creía ser un producto de este cerebro, con un poder mínimo para decidir qué sentía o qué pensaba. Desde la hemorragia, se me han abierto los ojos a la mucha capacidad de decisión que tengo en realidad sobre lo que ocurre entre mis orejas…"

La sensación de profunda paz interior se debe a un circuito neurológico situado en nuestro cerebro derecho. Este circuito está funcionando constantemente y siempre está a nuestra disposición para conectarnos a él. La sensación de paz es algo que ocurre en el momento presente… El primer paso para experimentar la paz interior es la voluntad de estar presente en aquí y el ahora… Pero lo más importante es que nuestro deseo de paz sea más fuerte que nuestro apego al sufrimiento, más fuerte que nuestro ego o nuestra necesidad de tener razón. Me gusta ese antiguo dicho que reza: «¿Quieres tener razón o quieres ser feliz?»”.

Preocúpate por tu conciencia, no por tu reputación, tú conciencia es lo que eres. Tu reputación es lo que otros piensan de ti, y lo que piensan es su problema.

No hay almohada más cómoda que una conciencia tranquila.

Te abrazo.

Globos

Esta es la historia de un niño. Un niño cualquiera. Seguramente como muchos. Y de como creció tanto él como su relación con los globos. Espero que disfrutes de este relato y de todo lo que hay en él.

Corrían los primeros sesentas y era aún muy niño. Tenía esa edad en la que su padre era un dios y su madre absolutamente todo.

globos

Con una imaginación e ingenio extraordinarios para jugar, mantenía, a pesar de todo, una extraña relación con los globos como objeto de juego. Le fascinaba la magia de sus lentos movimientos: Parecían no ser de este mundo. Eso le permitía innumerables fantasías como emular a un portero de fútbol. Se lanzaba a por él mientras su hermano se lo lanzaba alto a la altura del sofá. O simular jugadas en cámara lenta como si fuera una estrella de esas que su talento y estilo merecen ver las acciones una y otra vez. Pero…

Siempre hay un pero. En este caso dos. Por un lado aún tenía el temor, al asirlo, de que le explotara. Era aún muy niño. Y eso le producía cierto temor. Por otro lado, siempre caían. Sí, él había visto en el cine a niños que llevaban un globo con un cordel y éste se mantenía siempre en alto. Y el globo se mostraba orgulloso, erguido. Quizá incluso con una cierta chulería. O la chulería es la que tendría él en el caso de poseer algún día alguno de esos. Pero en aquella España de los sesenta, de esos, no había. Tenía que conformarse con estos.

globo suelo

Tardó, pero llegó ese deseado día. ¡¡Qué poco se imaginaba él que esa iba a ser la constante de su vida!! : Ver las cosas tardando. Tratar de trabajarse siempre la virtud de la paciencia. Y nunca suficientemente trabajada: Siempre necesitando mas.

Ahí estaba el acontecimiento vestido de novedad. Y así se hacia pagar, según exclamaron sus padres al comprárselo.

Alrededor del joven que los sujetaba en esa plaza, había varios niños que ya habían realizado su compra. Algunos otros, llorando porque sus padres no accedían al dispendio. Otros, también sin globo, también lloraban… …mientras el globo se alejaba hacia el cielo y en medio de la indignación de los padres que constataban el efímero efecto del gasto.

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Ya no era tan niño. De hecho, hacía tiempo que había dejado de jugar con globos. Es probable que fuera automáticamente después de perderles el miedo a que le explotaran en las manos. Dejó de temer eso y dejó de jugar con ellos. Jugar es excitante. Al juego que le quitas excitación le estás abriendo la puerta del aburrimiento, descubrió.

Pero en esa plaza se abría una nueva era.

Sus padres tuvieron que comprar otro globo para el hermano pequeño. Éste se lo ataron a la muñeca en prevención del escape. Pero a él…. Él enseguida tuvo claro que lo quería llevar en la mano: Sujetarlo él. ¡¡Al fin y al cabo ya era mayor!! Y así fue, no sin la constante presión de las amenazas de su madre de las consecuencias de que se le escapara.

A los diez minutos (que a él le parecieron una eternidad) se dio cuenta de que su mano estaba a punto de gangrena. O al menos estaba empezando a no sentirla. Tal era la fuerza con la que sujetaba el cordel, que apenas reparó en las reivindicaciones de su hermano menor para llevar él también el globo desatado.

Como era de prever, al hermano pequeño se le escapó el globo al primer suspiro. …Con el subsiguiente llanto.

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Él, atónito y expectante, contempló la situación. ¡Que maravilla!, pensó. Inútiles fueron sus esfuerzos para consolar a su hermano. A pesar de que le decía: –¡No llores! ¡Calla! Porque si lloras no podrás oír al globo como llora porque se aleja de ti.

Pasaron los años. El niño creció y los globos también. Ya adulto, tuvo la oportunidad de asistir a un certamen de globos aerostáticos. Y volvió la magia.

Globos Aerostaticos

Sólo pudo asistir desde el suelo. Pero su cabeza, desde ese momento, empezó a estar en el cielo.

No paró hasta conseguir, al menos un día, subirse a uno de ellos.

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Y volar.

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Y ver qué es volar en globo. Con su silencio. ¡Como se oyen tus pensamientos en ese silencio!

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Y verse volando. Mágico.

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Muy especial.

Tiempo después, circulaba en tren. Llegaba a Barcelona ensimismado. Había estado todo el viaje dándole vueltas a cosas. Proyectos, futuro, dificultades, alguna satisfacción…. Todas esas cosas que a uno le ponen en estado de vigilia si se acompaña con el sopor de un madrugón.

La llegada en tren a Barcelona nunca sé si se produce entre unos claros que hay entre túneles… o si hay unos túneles entre los claros. El cambio de luz molesta a la entrada de ambos casos: Pensaba.

El tren ralentizaba su marcha al acercarse a la estación. Lo suficiente como para poderse entretener leyendo alguno de los muchos grafitis que ahí abundan. Y de repente, leyó:

Nunca hagas con los sueños lo que un niño hace con su globo…

Que por jugar lo pierde…

…Y por perderlo… …Llora.

Esta lectura le golpeó hasta despertarle del todo:

  • Los sueños se mueven lentamente, sólo hay que tener paciencia y disfrutar de ellos como si tu talento estuviese a su altura.
  • No hay que asirse a los sueños porque les impides elevarse, que es como se disfruta de ellos: viéndolos subir, crecer.
  • Y, por poco que puedas, móntate encima de ellos. Y volarás.

Espero que hayas disfrutado de este relato. La historia de un niño. Un niño cualquiera. Seguramente como muchos. Y de como creció tanto él como su relación con los globos.

viaje en globo

Te abrazo.

Emprender – La clase

Va a salir una entrada un poco larga. Me temo.

Se ha organizado un Master para emprendedores. Es en Cataluña. Y la primera dificultad (emprender siempre está lleno de dificultades) es traducirlo: Postgrau en Emprenedoría per la UPC. (Universitat Politècnica de Catalunya)


Emprenedoría vendría a ser la vocación de emprender. Y me temo que no tiene traducción. Si ponemos emprendeduría, aparte que saltan todas las alarmas de los correctores, ¿sabes lo que pasa? Que no me suena bien. Me recuerda a la palabra teneduría, aplicada a la contabilidad. Y me parece una palabra absolutamente desacertada: Como si para llevar BIEN una contabilidad, bastara con TENER los libros.

Hace unos días, Abel Ruíz, Director del Postgrado, me escribió pidiéndome una reseña para incluirla en una promoción en la que se viera que esta iniciativa estaba avalada por decenas de empresarios y profesionales.
Se me ha ocurrido algo mejor: escribir aquí la charla que yo daría en ese Postgrado. Ahí va:

Emprender es una actitud. La actitud del descubrimiento. La actitud de la aventura. La actitud de un “buscador” (alguien que no necesariamente encuentra, sino alguien que hace de su vida una búsqueda). Por eso generalmente se relaciona esta palabra con la de vocación.

Las cosas importantes las aprendí en el parvulario. Este es el título de un libro que en su promo dice que es de breves relatos y pequeñas verdades. La principal verdad, cuando lo lees, es que es cierto.

A través de toda la geografía española he estado dando training a casi 4000 vendedores y directivos de la multinacional Würth. Y una de las cosas en las que insistía en cada una de las sesiones era que debían rescatar a ese niñ@ que todos llevamos aún dentro.

Vaya como muestra, las 12 cosas que todos los emprendedores, si convierten su emprendeduría en empresa, deberían aprender de los niños. ….O rescatarlas de ese niñ@ que llevan dentro:

1. Los niños se guían por las leyes de la lógica
Los niños se enfrentan a la vida con los ojos abiertos e interpretan las cosas desde su propio punto de vista, sin dejarse llevar por convenciones y prejuicios. Esta actitud es muy positiva también para los emprendedores, puesto que contemplar el mercado y a la competencia con otros ojos puede ayudar a encontrar ideas nuevas y revolucionarias, que son también la simiente del éxito.
2. Los niños son curiosos
La curiosidad de los niños no tiene límites, como tampoco debería tenerla la de los empresarios. Para triunfar en el mundo de los negocios, hay que recopilar constantemente nuevas ideas y teorías, estar pendiente de lo que hacer la competencia, y desarrollar las mejorar soluciones empresariales para la propia compañía.
3. Los niños son creativos
En lo que a creatividad se refiere, los niños no tienen rival. La misma creatividad que despliegan los más pequeños en todo lo que hacen debería ser desplegada también por los empresarios. Al fin y al cabo, la creatividad genera innovación, clave para triunfar en el mundo de los negocios.
4. Los niños encuentran rápidamente nuevos amigos
Para los niños, cada nuevo contacto es un amigo potencial. Aunque es difícil mostrarse tan sociable como un niño, en el mundo de los negocios la capacidad de relacionarse con otras personas es clave, tanto a la hora de encontrar nuevos socios o inversores como clientes.
5. Los niños no conocen límites, sólo obstáculos
Para los niños no hay nada imposible. En su camino sólo se interponen obstáculos, que no tienen miedo de sortear. En el camino hacia el éxito empresarial, hay también muchos obstáculos, que deben ser contemplados como lo que son y no como barreras infranqueables.
6. Los niños utilizan siempre sus propios recursos, aunque sean limitados
Cuando se topan con un problema, los niños utilizan los recursos que tienen a su alcance, aunque sean limitados, para resolverlo. Un empresario en apuros debería adoptar también este proceder. Si no tiene, por ejemplo, dinero para alquilar una oficina, puede adoptar la decisión de trabajar desde casa, aunque sea manera temporal.
7. Los niños son dependientes
Un niño no puede sobrevivir por sí solo. Necesita para ello la ayuda de sus padres, al igual que un empresario necesita también la ayuda de sus socios, sus trabajadores y sus clientes para salir adelante. Una empresa, al igual que un niño, no es nada sin la ayuda de otras personas.
8. Para los niños, la vida es fácil
Los niños viven despreocupadamente. Hay cosas que les gustan y otras que no y no tienen problema a la hora de mostrar sus preferencias. Igualmente, para dar nuevos bríos a una empresa, a veces se necesita también una buena dosis de sinceridad y honestidad.
9. Los niños intentan aprender de sus errores
Al igual que los niños, los empresarios no deberían tener miedo de cometer errores. A veces los errores son, de hecho, la antesala del éxito, de modo que ¿por qué no equivocarse de vez en cuando?
10. Los niños no le dan demasiada importancia al dinero
En el camino hacia el éxito empresarial, el dinero no es el único factor clave. Al fin y al cabo, ¿de qué sirve tener dinero si no hay motivación y alegría en el trabajo?
11. Los niños rara vez se aburren
Al igual que los niños, los empresarios no pueden permitirse el lujo de aburrirse. Deben estar permanentemente buscando nuevos desafíos y proyectos.
12. Los niños saben cómo divertirse
Una aventura empresarial implica siempre riesgos, pero quien no arriesga no gana. Al igual que los niños no tienen miedo de caerse cuando aprenden a montar en bicicleta, los empresarios deben sacar adelante sus proyectos sin detenerse por los obstáculos que puedan encontrar en el camino.

Para muestra….un botón:


El horizonte no está en la realidad, sino en los ojos que lo miran. Si miras la realidad con tus ojos de niño… el horizonte no tiene límites.

Te abrazo.