Introducción



Creer, Crear y Crecer

Dejar de fumar, hacer deporte, estudiar inglés… ¿Que era lo que te propusiste hacer en este nuevo año que empieza?

¿Y como vas? ¿Cómo lo llevas?

Tanto si crees que puedes, como si crees que no puedes, estás en lo cierto.

Henry_Ford

Henry Ford (1863-1947)

¿Dónde vas a encontrar eso que necesitas para empezar a confiar en ti y en lo que crees que eres capaz de lograr?

Creer en ti mismo es algo que eliges, es una posición que decides tener ante la vida y que puede ir creciendo con el tiempo en la medida que desarrolles los pilares en tu interior que sostengan ese sentimiento.

Mucha de la inseguridad que sientes puede deberse a ciertas experiencias vividas en tu entorno. La familia, la escuela, los amigos, la pareja… En muchos casos, no podemos decir que hemos sido apoyados en forma positiva. Con el tiempo hemos adquirido muchos prejuicios y creencias limitantes.

Pero el pasado, ya pasó… Quedó atrás. Lo único que podemos hacer con él es REINTERPRETARLO para encontrar en él una oportunidad de seguir adelante, a partir de ese gran aprendizaje que nos ha dejado.

Hoy no tiene sentido culpar a otros por tu baja autoestima presente. Ahora es tu propia responsabilidad de hacerte cargo de este instante: Eso que vale más que nada. Eso que es un regalo y que por eso se llama presente.

Ganas fuerza, coraje y confianza
con cada experiencia en la que
realmente te detienes a mirar al miedo
a la cara...
Debes hacer aquello que crees
que no puedes hacer.

eleanor-roosevelt

Eleanor Roosevelt (1884-1962)

Es tu responsabilidad elegir nuevas creencias. Si eliges estar de tu propio lado, si eliges acompañarte (¡sí! acompañarte y darte ánimos, ¡a ti mismo!), te impulsarás hacia donde desees, porque buscaras lo que sea que necesites para conseguir eso que deseas.

Te puedes ayudar siguiendo estos pasos para que adoptes esta actitud… ¡la de CREER EN TI MISMO!

1. Centra tus energías en lo que sí vale la pena. Deja de estar pensando en las cosas que están mal, en lo que no puedes hacer, en los errores cometidos. “Resetea” tu actitud y comienza a enfocarte en lo que sí puedes hacer, en las cosas buenas que tienes (en todas las áreas de tu vida), en tus fortalezas, en tus dones y capacidades, en todas las nuevas oportunidades que puedes crear. Haz una lista con ello.

2. Deja de lado los pensamientos negativos. “No puedo”, “Es imposible”, “Es tan difícil”, “Me cuesta”, “Si yo fuera capaz…”, “Si tuviera, fuera, hiciera… podría”, “Ojalá…”, y tantos otros… ¡Fuera estos pensamientos negativos que lo único que hacen es mantenerte paralizado! Erradícalos de tu vocabulario. ¿No te das cuenta, pero al decirlos, los piensas y los sostienes? Y van minando cada vez más tu autoestima, que es ese motor que te impulsa hacia donde quieras. Cuida mucho tus pensamientos, cuida tu mente porque ella constantemente está influyendo en tus emociones.

Todo lo que la mente humana es capaz de imaginar y creer, lo puede lograr.

Napoleón Hill

3. No entregues tu poder personal a los otros. Es simple, tienes que concentrar tus energías en tu interior, en tus fortalezas, en lo que te crees capaz por ti mismo, no por lo que te digan otros de ti. Lo que los demás piensen de ti no tiene que importarte. Tienes que creer en ti mismo cuando nadie más lo haga porque eso te convertirá en ganador. Necesitas reforzar tus decisiones y acciones con lo que tú deseas hacer, con tus objetivos y sueños (y esto no tiene nada que ver con deseos, anhelos, juicios de otros ya sean familiares, pareja, hijos, jefe…). No pienses más en lo que los otros puedan pensar y concéntrate en ti, en lo que deseas desde lo más profundo de tu corazón.

Las creencias son los pensamientos que nos creemos que son ciertos. Como tales, los aceptamos como verdaderos sin cuestionarlos ni analizarlos. Por lo tanto, aprender a manejar tus creencias es la clave para comenzar a crear la vida que deseas tener a todo nivel.

Si yo creo, creo. Y creando, crezco.

¿Cuáles son las creencias que estás teniendo en este momento sobre ti mismo? ¿Cuál es el efecto que generan en tu ser?
¿Cuáles creencias pueden ayudarte a creer en ti mismo?

Antes era: “Si no lo veo, no lo creo”. Venimos de ahí. No nos ha ido mal: Nos ha permitido llegar hasta aquí. Pero… ¿Sabes como va a ser de aquí en adelante?

Si no lo creo, no seré capaz de verlo.

Si piensas que estas vencido, lo estas;
si piensas que no te atreverás, no lo harás;
si piensas que te gustaría ganar, pero no puedes,
es casi seguro que no lo lograras.
Si piensas que vas a perder, ya has perdido;
porque en el mundo encontraras
que el éxito comienza con la voluntad;
todo esta en el estado mental.
Muchas carreras se han perdido
antes de haberse corrido,
y muchos cobardes han fracasado
antes de haber su trabajo empezado.
Piensa en grande y tus hechos crecerán,
piensa en pequeño y quedaras atrás,
piensa que puedes y podrás;
todo esta en el estado mental.
Si piensas que estas aventajado, lo estas;
tienes que pensar bien para elevarte,
tienes que estar seguro de ti mismo,
antes de ganar un premio.
La batalla de la vida no siempre la gana
el hombre mas fuerte o el mas ligero,
porque tarde o temprano, el hombre que gana,
es aquel que cree poder hacerlo.

Napoleón HillNapoleón Hill (1883-1970)

Así es. Anda, vuelve hacia atrás, coges los tres pasos, cree en ti y cree que eso que quieres lograr es posible y …¡Hazlo!

Te abrazo.

El Violinista

Cierto día, un músico callejero se situó en la entrada del metro "L'Enfant Plaza" de Washington, DC.
Era una mañana muy fría del mes de enero.

El violinista estuvo tocando durante 45 minutos. Empezó con Bach, luego el “Ave María” de Schubert, siguió con Manuel Ponce y Massenet y, finalmente, Bach de nuevo.

Eran las 8 de la mañana: la hora punta. Pasaban cientos de personas frente a él, casi todas camino de sus trabajos.

A los pocos minutos, un hombre de avanzada edad reparó en el músico. Aminoró el paso, se detuvo unos segundos y emprendió de nuevo su camino. Un minuto más tarde, el músico recibió un primer dólar: sin pararse, una mujer lanzó un billete a la caja del violín. Poco después, un individuo se paró unos instantes a escuchar, pero al mirar su reloj, echó a andar de nuevo rápidamente; se le estaba haciendo tarde.

El que le prestó mayor atención fue un niño de unos 4 años. Su madre lo cogió y tiró de él, pero el pequeño seguía escuchando. Finalmente, su madre lo agarró fuertemente y siguieron andando. El niño, mientras caminaba, seguía mirando al músico con la cabeza vuelta.

Durante los 45 minutos que el músico estuvo tocando, tan solo hubo 7 personas que se detuvieron a escucharlo, pero todas muy brevemente.

En total, logró reunir ¡¡32 dólares!! Nadie miró cuando el músico dejó de tocar. Nadie le aplaudió. De entre el millar de personas que pasó por delante de él, nadie lo reconoció.

Nadie notó que el músico era Joshua Bell, uno de los mejores violinistas del mundo.

En los pasillos del metro tocó algunas de las más difíciles partituras que jamás se han escrito, y todo ello… ¡¡con un Stradivarius del 1713 valorado en 3,5 millones de dólares!!

Por si aún te parece mentira

Dos días antes de estos hechos, no quedaban entradas a la venta para su concierto en el teatro de Boston… ¡Aunque costaban casi 100 dólares!

Esta actuación de incognito de Joshua Bell en la estación de metro fue organizada por el Washington Post para investigar la percepción, el gusto y las prioridades de la gente.

Estas eran las preguntas:
¿Podemos, en un ambiente cotidiano y a una hora inusual, apreciar belleza?
¿Nos pararíamos para apreciarla?
¿Podemos reconocer el talento en un contexto inusual?

Una de las posibles conclusiones del experimento podría ser:
Si no nos detenemos unos segundos a escuchar a uno de los mejores músicos del mundo cuando está tocando una de las más bellas partituras, ¿cuántas otras cosas extraordinarias nos estaremos perdiendo diariamente al no saber apreciarlas?

Por si quieres disfrutar de su Ave María

Espero que seas capaz de percibir todo el talento y la belleza que te rodea…
…Y todo el que de ambos tienes tú.

Te abrazo.

El día que volví a llorar

Escribo el título y veo que quizá no es el más apropiado para este blog. En su declaración de intenciones está el que sea lugar de encuentro para personas, videos, textos, cuentos, historias, músicas, paisajes... motivadores.

No se: Dame el beneficio de la duda. Espero que a pesar del título leas esta entrada. Luego en “comentarios”… me cuentas.

Hace días que por diversos motivos un recuerdo ha venido a mi de una manera recurrente. Como si el universo se hubiera confabulado para que me de cuenta de algo. Han habido muchas cosas que me han hecho regresar a ese día: El día que volví a llorar.

Corría el año 1999 y muchos acontecimientos me llevaron a decidir tomarme un año sabático. Un privilegiado, pensarás. Nada más lejos que eso. No fue ni una decisión tomada desde la valentía o el coraje. Fue simplemente la única salida que vi para la supervivencia. Y te ahorraré los detalles. Solo te diré que llevaba 8 años sin hacer vacaciones; que me diagnosticaron estrés y que tras superarlo entré en una profunda depresión. Es curioso, lo escribo y me doy cuenta que ese adjetivo (profunda) es quizá el más asociado a esa dolencia.

En ese año sabático sabía que tenía dos objetivos y por este orden: Cicatrizar las heridas y decidir que hacía con mi vida.

En ese transcurrir, constaté que no era fácil: Cuando uno se rompe una pierna o un brazo, los mecanismos de curación son tan ostensibles a la vista, que todo el que te ve, te pregunta qué te ha pasado y se preocupa por ti. …Pero solamente unos ojos avezados son capaces de percibir a alguien, que lo que tiene rota es el alma.

Con lo cual, mucha ayuda no tuve. Entre otras cosas porque es muy generalizada la creencia de que los que sufren esto son unos débiles de carácter. Unos flojeras.
Aquí debo decir que sí que tuve la suficiente. Valiosísima. En esos momentos en los que hay solo unos pocos a tu alrededor. Lo demás es gente. Esos pocos son algunos de los que nombro en mi entrada Gracias – Agradecimiento.


Y a los cuatro o cinco meses ocurrió.

Llevaba yo ya algún tiempo intentando llenar de ocio la ausencia de negocio. Siempre me continué levantando a las siete como si fuera a trabajar. Era una disciplina obligada: Debía sacar a Dolça y esa era su hora. Ya metidos, llevaba a mis hijos al cole. Y una vez hecho esto, en vez de ir a abrir y trabajar, iba a “trabajarME”.


Dolça

Dolça

Ese día decidí ser transgresor: ¿Pues sabes qué? –me dije-, hoy, a las diez de la mañana vas a ver la película que den en Canal Plus. Sin saber tampoco que película echaban. Me senté en mi butaca, frente al televisor, con Dolça a mis pies, y me puse a leer esperando que dieran las diez. Y dieron. La película que estaba viendo empezar era Náufrago, protagonizada por Tom Hanks.

Empaticé rápidamente con él. Siempre me había gustado jugar a intentar determinar y definir eso de “que tres cosas te llevarías a una isla desierta”. O “que tres libros salvarías de un incendio”… Empecé a ver los guiños a Defoe y su Robinson Crusoe. Fundamentalmente cuando le da un manotazo a una pelota marca Wilson y azarosamente, al estar su mano ensangrentada, la mancha que deja en ella es una suerte de cara. Y Wilson se convierte en su compañero y socio en la isla. (No podían llamarle Viernes)

Si has visto la película, ya sabes. Si no la has visto, ya sabes. Guiño

Después de intentarlo todo, decide abandonarse a su suerte: Sabe que no hay posibilidad de abandonar la isla por sus medios ya que el oleaje, remando, se lo impide en todos los intentos. Con cualquiera de los artilugios que es capaz de construir con los materiales que la isla le da. Sabe que cualquier día, por cualquier motivo, va a morir ahí. No hay ninguna otra posibilidad. Ni remota. Y así se lo cuenta a Wilson.

Pero una noche la marea lleva hasta la playa un trozo de plástico: Una especie de biombo. Y lo ve claro: Puede usar eso como vela y así tener la potencia suficiente que completa a sus golpes de remo para vencer el oleaje. No desvelo nada diciéndote, si no has visto la película, que así consigue salir de la isla en una balsa. …Llevándose con él a Wilson.

Una noche, durante la navegación, una tormenta lo deja exhausto aferrándose a la balsa. Y por la mañana, reventado por el esfuerzo, la lucha de esa noche y los días de escasez, está profundamente dormido. Al despertar, repara en que Wilson hace unos instantes ha caído al agua. Lentamente se va alejando. No lo duda y se tira al agua y va a por él. Realmente no tiene apenas fuerzas y le cuesta alcanzarlo. Wilson se va alejando. Va girándose para dimensionar la distancia que le separa de la balsa pero sigue en su busca: Ha cogido una liana que le ata a la balsa y sabe que a través de ella va a poder regresar. Pero Wilson se aleja cada vez más. Se acaba la liana. Debe tomar una decisión. Vuelve a girarse hacia la balsa y ya está mucho más lejos de lo que lo está Wilson. Tras décimas de segundo no lo duda: Suelta la liana. Pero tras varios chapoteos se da cuenta de que si alcanza a Wilson ya no tendrá fuerzas para volver a la balsa. Cuando consigue alcanzar de nuevo la balsa, más exhausto aún de lo que estaba, empieza a gritar desesperadamente disculpas a Wilson y rompe desconsoladamente a llorar.

En ese momento, y después de varios años sin que eso hubiera ocurrido, aprecié que de mis ojos habían brotado varias lágrimas. Y lloré. Apenas pude seguir el resto de la película. Y seguí llorando. Horas después aún no había conseguido parar.

Tenía la sensación de que nadie había hecho por mí lo que Tom Hanks estaba dispuesto a hacer por una pelota. Enseguida saqué esa idea de mi cabeza pero no podía parar de llorar. Quizá porque tome consciencia de que, sin saber cuando, hubo un día que solté la liana que me amarraba a mi balsa, por personas que solo eran pelotas.

Me fui a la cama y continué llorando hasta quedar tan exhausto como el náufrago. No se que hora era. No había comido. Y me dormí.

Me desperté entre las cuatro y las cinco de la mañana. Decidí levantarme y con mi compañera en estas lides, Dolça, me fui a la calle aún de noche y de ahí al campo. Me senté con ella a mi lado. Con mis ojos de madrugada le mantuve la mirada a los ojos del amanecer. Sabía que mi vida se había girado como un calcetín. Esa aurora me enseñó como desde el negro hasta el azul del pleno día, el cielo puede tener todos los colores. Hasta los que nunca has visto ni los que eres capaz de imaginar. Parece que el alba hace eso: Para que sepas que ese día que empieza encierra todos los colores posibles.

Estas en medio de una noche. Y lo ves todo negro.

Pero una mañana te levantas y ves que la marea de esa noche te ha traído un trozo de plástico hasta tu playa. Solo tienes que estar lo suficientemente vivo para usarlo como vela.

Te abrazo.