Introducción
El cerebro de Einstein
El futuro no existe
Sesenta años. Seis tramos de aprendizajes. Uno por cada década.
1. Las cosas importantes sobre cómo vivir las aprendes en la primera
década (casi en el parvulario): Comparte. Juega limpio. No pegues. Vuelve a
dejar las cosas donde las has encontrado. Limpia lo que hayas ensuciado. No
cojas cosas que no son tuyas. Pide perdón cuando lastimes a alguien. Lávate las
manos antes de comer. En la calle, vigila el tráfico, da la mano y no te
separes.
A mirar y a
maravillarte de lo que ves. A curiosear. Para saber más.
Tardas mucho
tiempo en comprobar que si coges cualquiera de estos aprendizajes y los
traduces en términos adultos y los aplicas en tu vida familiar, trabajo o
mundo, siguen siendo verdaderos, claros y firmes.
2. En la segunda década aprendes que el futuro no existe nunca: solo
hay escenarios posibles y probables. Que solo importa si apruebas este examen
olvidándote del siguiente. Solo importa si te ha mirado o no aquella chica. De
si estás a la altura cuando lo hace. De si tienes suficiente para el bocata, o
para tomar una coca-cola con ella: el futuro no existe nunca: solo hay
escenarios posibles y probables. Y que, cuando pasan estos escenarios, nunca
son como los habíamos imaginado.
3. De los veinte a los treinta empiezas a darte cuenta de muchas de
las cosas que te estaban pasando desapercibidas en la década anterior.
Que los que más autoridad moral tienen son los que menos
lecciones dan y, en cambio, son de quien más lecciones te llevas. Que se
puede perder la razón defendiendo que tienes razón. Que el amor es la respuesta
a muchas preguntas. Que amar implica sufrir, pero esquivar el amor por huir del
sufrimiento es un mal negocio. Que en lugar de desear lo que nos falta y que no
depende de nosotros conseguir, debemos tender a saber disfrutar de lo que
tenemos.
4. En la década siguiente no te da la vida. No tienes tiempo para nada
o no te da tiempo de hacer todo lo que quieres/te apetece/crees que deberías
hacer. Por lo tanto, no tienes tiempo para aprender. O eso es lo que crees.
Tardarás todavía un tiempo en descubrir que, precisamente haciendo, es como se
aprende.
Y fue que
estudiar y aprender son hijos de la curiosidad. Y que, si hacemos cada cosa a
conciencia, como si nos fuera la vida, el resultado será mejor y nuestra
satisfacción, también. Aunque deberemos saber relativizar las cosas que
hacemos, porque -desengañémonos- rara vez nos va la vida. (Este párrafo es
mucho más profundo de lo que puede parecer por su longitud o sencillez).
5. De los cuarenta a los cincuenta aprendí que el motor que vale la
pena perseguir es la ilusión. Que la ilusión te empuja a proyectar escenarios.
Aunque, cuando pasen, no serán como los habíamos imaginado.
Que encontramos
tiempo para lo que queremos. Que el sentido de la vida no es un secreto
escondido no sé dónde: la vida tiene el sentido que queramos darle. Que cuando coges
un atajo para evitar tu destino estás tomando el camino que te lleva hacia él.
Que me gusta
más volver a los lugares que ir por primera vez. Que la felicidad es, un
momento, que no tiene ninguna prisa.
Que solo nos
debería importar qué dicen de nosotros las personas que nos importan. Que
construir relaciones a prueba de roturas es un reto mágico. Que el sonido de
llamada del teléfono se debe cambiar a menudo porque hay músicas que te llevan
atrás sin la compañía de la nostalgia.
6. En esta última he aprendido que de la zona de confort no se sale:
Se amplía haciéndola más grande en cada aprendizaje. Que "todo irá
bien" es una falacia: Es esconder la cabeza y no hacer lo que sabes que
tienes que hacer. Que el riesgo cero es un concepto inexistente: vivir es
asumir riesgos. Que estar vivo es un regalo, no un derecho.
Que solo son
dignos de envidia aquellos que no envidian nadie. Que es un lujo tener cerca la
gente que nos sabe hacer reír. Pero aún lo es más tener cerca aquella gente que
está cuando hay que estar, tanto si nos hace reír como si no. Alguien que sepa
venir a nuestro rincón para decirnos que ¡venga!, que ¡mañana será otro día!
Que, en el fondo del fondo, estamos solos con nosotros mismos y basta. Que sin salud no hay nada que valga la pena. Que la felicidad de los ignorantes no la quiero para nada. Que solo podemos manejar la verdad, por dura que sea.
Que hacerse mayor solo es una cuestión de tiempo.
Y Queda tiempo.
Un tiempo para vivir más lento. Para respirar lento. A sentarme frente al mar disfrutándolo, sin la necesidad de decírselo a otro.
Un tiempo para volver a temblar con un susurro en la nuca antes que hacerlo por tener la batería baja. Porque sé que contarnos cosas a través de la pantalla helada no es lo mismo.
Un tiempo para estar cómodo en el silencio. Para disfrutar más de un "me gusta" en el ombligo que de mil "me gusta" en la nube.
Un tiempo para disfrutar del aliento de una sonrisa; del suspiro de una caída de ojos; de esas miradas perdidas.
Y disfrutar de lo que me queda por aprender. Porque continuaría cambiando todo lo que sé, por la mitad de lo que ignoro.
Me parece que ahora viene un tiempo en el que el futuro ya no existe: solo hay escenarios posibles y probables. Y que, cuando pasen, nunca serán exactamente como los habré imaginado.
Te abrazo
Ingenuidad. Conmigo o sin mí.
No
entiendo otra manera de amar que siempre desear lo mejor. Conmigo o sin mí.
Todos
tenemos un "ojalá" lleno de esperanza.
Ya
ha pasado mucho tiempo. Y, de hecho, todo sigue igual. La gente puede ir a
trabajar, puede ir a estudiar y, por el contrario, todo lo que vale la pena,
pasearse a cara descubierta, dar abrazos o un cariñoso (sincero) apretón de
manos, nos continúa prohibido. Se nos hace extraño incluso cuando lo vemos en
la ficción de una película.
Hacer
un café, quedar con los amigos, con la familia y caminar despreocupadamente,
continúa vetado en un régimen de incertidumbre. De una condena en una especie
de prisión preventiva e indefinida que no sabemos cuándo caducará.
No
he tenido demasiadas interacciones reales, sin una pantallita, un dispositivo o
una mascarilla en medio. Y, aunque soy de los que piensan que la sociabilidad
está sobrevalorada, es difícil soportar la presión psicológica en nombre de un
supuesto bien superior (aunque la vida siempre ha sido y es incierta).
Sacrificamos
libertades personales, de movilidad y casi de pensamiento. Cada minuto que no
pasamos con nuestros amigos y seres queridos, es un tiempo perdido que no
volverá. Toda esta idea de mantener la economía activa, sacrificando
paralelamente algunos sectores enteros sin ningún tipo de compensación, me da
que pensar.
Y
sí, evidentemente, la amenaza invisible sigue allí, y nos pilla rezando para
que una lotería siniestra no toque cerca: La de la salud. Porque la otra ya
hace tiempo que nos ha tocado: El gordo a muchos y la "pedrea" a
todos. (De esta lotería, sí)
No sé. Tengo la impresión de que la
ausencia de ayudas reales a autónomos y pequeñas empresas, ERTE que no llegan,
SEPES que no funcionan, gente que no llegan a fin de mes parece una planificada
aniquilación hasta la extinción de aquellos grupos de clase media: Aquellos que
solo pensaban en tirar sus familias adelante con iniciativa, empuje y trabajo.
Aquellos que mientras lo hacían, además de a la familia, sacaron el país
adelante.
Si me ha perdido algo, ha sido siempre la ingenuidad. Y no quiero creer que tal vez esta pandemia es la oportunidad deseada por un poder inclemente que no conoce el sentido de las palabras decencia ni moral. Pero es que ... Quiero tener un "ojalá" lleno de esperanza. ¿Ingenuidad? El niño que llevo dentro no entiende otra forma de amar que siempre desear lo mejor. Conmigo o sin mí.
Te abrazoEmprendedores

Paréntesis: Una lección de atención plena
Navego y navego por blogs y más blogs. Y me encuentro que muchos, un buen día, dejan de ser alimentados por los que lo escribían. Cuando me encuentro con uno de estos blogs siempre me pregunto: ¿Qué pasó? ¿Qué se ha hecho de él o ella? ¿Qué le habrá ocurrido?
Gente que un buen día decidió abrirlos empezando un camino que en ningún momento se le ocurrió que acabaría. De hecho, ninguno “ha acabado”. No importa que lleve ahí cinco, seis o siete años sin que su autor haya escrito ninguna nueva entrada.
Este que estas leyendo también tuvo su paréntesis en 2010. Otro en 2015. Y este es el primer post de 2019.
Ninguno “ha acabado” porque nadie “se despidió”.
Pero te estoy hablando de esos que uno se atrevería a decir que entraron en su paréntesis eterno.
Ayer lloré por Rocío, al enterarme de su fallecimiento. Y me han venido muchas cosas a la cabeza. Lo primero, lo que yo aprendí de ella la primera vez que asistió a un curso mío. Después, lo que he ido aprendiendo de ella a través de su generosidad al ir compartiendo conmigo sus meses de lucha contra esa enfermedad cruel e injusta. (Cómo si alguna no lo fuese, ¿Verdad?). Y, finalmente, lo que resumo a continuación de todo ello.
Por eso hoy sonrío.
Todos hemos perdido el tiempo y la razón alguna vez. Y es que a veces da la sensación que estar vivo es algo así como estar asustado.
Los recuerdos, a ratos parecen echar sal en las heridas. Incluso los buenos recuerdos pecan de indiscretos al recordarnos la fugacidad de las cosas, lo efímero de la vida, lo implacable del destino y sus designios. Pero…
“Si aceptamos que la vida humana se rige por la razón, la posibilidad de vivir queda destruida”Creo que en el momento en el que las personas decidimos enfrentar aquello que nos perturba, comprendemos que nuestras capacidades superan absolutamente lo que teníamos pensado. Y que hay muchas formas de volver a empezar y de hacer las cosas.
Si el sufrimiento está ahí, es necesario aceptarlo. Porque no se va a ir sólo porque tú finjas que no existe.... y si la alegría está ahí, también es mejor aceptarla, incluso con el miedo a que se acabe algún día.Si piensas que vas por mal camino puedes cambiar de parecer y seguir otro rumbo, o puedes también no hacerlo y seguir donde estás. Solo tú sabes el poder de tus decisiones, y el coraje que debes tener para enfrentar una decisión equivocada.
Espero que veas cosas que te sorprendan. Y que nunca pierdas la capacidad de seguir sorprendiéndote con las cosas que la vida presenta ante tus ojos. En eso está el sentirse vivo.También espero que sientas cosas que nunca antes hayas sentido, y que sigas creyendo que cada día se puede volver a empezar.
Procura ser consciente de lo que haces, pues cada instante puede transformarse en un momento inolvidable en tu vida. Respira hondo, estas aquí, sin pasado y sin futuro, tu mundo es hoy, concéntrate en la dulzura con la que el viento acaricia tu cuerpo y en la gracia inesperada de contemplar el cielo…, …la Tierra, …el hoy. Tan sólo basta saber observar la magia presente en todo lo que nos rodea.
Aprende a ver las cosas simples.
Aprende a hacer las cosas sencillamente.
Lo difícil es ser sencillo.
(Zen)
Tan sólo me detuve a recordarte que todos los días tienes la oportunidad de elegir aquello que te hace feliz. La decisión está en tus manos.No te pierdas en el intento, caminos hay muchos, y buenos compañeros de viaje también. Tengo fe en que siempre habrá alguien que nos recuerde que nunca es tarde si hay voluntad. Que todo tiene su segunda vuelta. De corazón espero que vivas una vida de la cual te sientas orgullos@, pero por encima de todo, espero que si ves que no es así, tengas la fortaleza y el coraje para empezar de nuevo las veces que sea necesario.
Recuerda que la vida comienza las veces que TÚ quieras. Y ser feliz es lo menos que puedes hacer para que tu paso por este lugar, por lo menos, valga la pena.
Los únicos regalos del mar son golpes duros, y cada tanto, la oportunidad de sentirse fuerte. No conozco mucho el mar… Pero si sé que así es, y también sé que es importante, no necesariamente ser fuerte, sino sentirse fuerte… Para medirte a ti mismo, al menos, una vez… Para encontrarte en las condiciones más primitivas y enfrentarte a solas, sin nada que te ayude salvo tus manos y tu propia cabeza.No quiero poner enlaces esta vez. Si quieres saber cualquier cosa, con gusto te lo remitiré si me lo pides a blog.david.balaguer@gmail.com
No sé si será la última entrada de este blog. Un día lo será. Tanto si lo es como si no, éste podría ser un buen epílogo. Podría ser una buena despedida. Incluso un buen testamento vital. Como el que dejó Rocío, haciendo que con ella este mundo fuera mucho mejor.
No sé que día fue el último que hable con Rocío. Pero como no me despedí (Quiero pensarlo así), mi relación con ella nunca acabará.
Pero es que no son el primer beso o el primer abrazo los difíciles. Los difíciles son los últimos. Efectivamente: Cuando sabes que lo son.
Te abrazo Rocío.
Y también a ti que estas leyendo esto hasta aquí, también te abrazo.
El Currículum
Pablo tiene algo más de 50 años y me lo encuentro en una callejuela poco concurrida, por la que se acostumbra a atajar. Parece esperar a alguien allí en el único rincón de la calle donde hay un pequeño rayo de sol.
- ¿Qué haces por aquí?, -le pregunto-. ¿Esperando a alguien?
- Ya ves:Tomando el sol. -Me contesta-.
Seguramente al ver mi expresión, me aclara:
- He salido a dar una vuelta para despejarme y al pasar por aquí, en este trocito que da el sol, aprovecho para disfrutarlo.
- Pues yo voy a hacer un café. ¿Te apetece? –Le digo mientras le doy un golpecito en el hombro.
Al mismo tiempo que asiente, echa a andar y lo hace en el mismo sentido que yo llevaba, poniéndose a mi lado.
Ya en la cafetería, decido no iniciar ninguna conversación ni preguntarle nada. Le damos un par de sorbos a nuestro respectivos cortados, muy espaciados entre sí. Parece que Pablo decide romper ese silencio.
- Hace tres o cuatro horas, que acabo de enviar el enésimo currículum. Enviarlo me ha obligado a repasarlo y revisarlo por enésima vez. Hace ya muchos días removiendo el tema. Y haciendo y rehaciendo cartas de acompañamiento…
Ahí hace una pequeña pausa. Su actitud es buena. Su expresión y su comunicación no verbal también. Pablo siempre ha sido un guerrero, y mantiene ese espíritu. Pero, el par de veces que suelta la palabra “enésimo”, resuenan en mi cabeza como “pesadas”.
En esta pausa, Pablo fija su mirada en el exterior de la cafetería. Mira sin ver: Una de esas miradas que van al interior de uno, más que a lo que se está mirando fuera. Vuelve de ese viaje interior para tomar otro sorbo y continuar:
- Cada vez que no sale bien, te planteas que es lo que podrías haber hecho mejor o diferente. Y, mientras, a continuar trabajando: Hacer lo que tienes que hacer. Y a buscar. Y a ir tirando. Supongo que las últimas semanas han sido especialmente intensas y hoy me está saliendo algo difícil de explicar. Hoy tengo la pausa suficiente para coger perspectiva y ver mejor. Ver lo que durante unos días sólo he podido mirar. Y se juntan muchas cosas en la cabeza.
Aún no sé muy bien cómo puedo ayudarle. Ni tampoco si quiere o necesita que le ayuden. En cualquier caso, decido preguntárselo para ver que propone.
- ¿Puedo echarte una mano en algo?
- Hombre, con tu experiencia leyendo tantos y tantos currículums, ¿Te importaría darles un vistazo a los míos y así me das tu opinión de lo que ves en ellos? Cualquier sugerencia será bien recibida.
Mi intuición me dice que su petición nada tiene que ver con mi visión técnica. Esto se solucionaría con un: “Envíamelos, les echo un vistazo y te digo lo que”. Creo que va más allá de la lectura y evaluación de sus CVs.
Creo que lo que necesita es comprensión y empatía a modo de tirita para su soledad y un analgésico para su incipiente dolor de autoestima.
Podría sacar el famoso BILLETE. Pero esa historia Pablo ya se la sabe.
Mientras le doy vueltas, Pablo saca unos papeles de un bolso que lleva en bandolera del que yo apenas había reparado. Me cuenta que ha estado navegando entre diferentes currículums: el CV 2018 de gestión, el CV 2017 en el que había aquello… El CV que envió al último anuncio, el que envió a aquel otro… Y ya ha hecho el envío de la versión nueva que ha construido para la ocasión de esta mañana. Y que qué me parece.
Sobrevuelo con la mirada esos folios, parándome encima de algunos detalles. Son todos parecidos, pero él insiste en destacarme los matices y detalles que los hace diferentes. Me doy cuenta que, en su afán, está empezando a dar importancia a cuestiones que, objetivamente hablando, son menores. Sobre todo porque la lectura que va a hacer el destinatario va a estar, muy probablemente, cargada de displicencia.
Es entonces cuando, dándole la vuelta a uno de esos papeles, se me ocurre decirle:
- ¿Y si hicieras el currículum ahora, de nuevo, que pondrías? Explícame quién eres. Explícale al mundo quién es Pablo. Quién es Pablo hoy y adonde va.
Su mirada vidriosa me dice que he tocado. No querría herirle: Un golpe dado en mal lugar o en mal momento puede producir eso. Justo cuando veo que sus ojos parecen inundarse, se ilumina una sonrisa en su cara, que llena todo el local de luz. O quizá solo mi corazón, pero produce el mismo efecto.
Manteniendo su sonrisa entiendo que acepta el juego. Y mucho más: se asocia con complicidad traviesa a mi propuesta. Entiende lo que quiero y pretendo. Y tras un tiempo en silencio, acariciando el boli, mirando fijamente ese papel en blanco, me escribe…
Currículum vitae
He aprendido y…
Pretendo conjugar los verbos en presente.
Para alejarme, en un salto, del pesar
de un pretérito que no fue perfecto.
Vengo…
Con lo que he sido y con lo que seré.
Con edad suficiente para saber disfrutar
los momentos de claridad escasos.
Recogiendo la fuerza que dan,
para continuar buscando esa luz.
Tan esquiva y fugaz. Como un horizonte:
Tan inalcanzable como imprescindible.
Tengo…
Una interminable lista de sueños aún por cumplir.
Un voluminoso equipaje lleno
de errores que no resultaron fatales.
Esa edad, con la presbicia necesaria
para dejar de observar detalles que afean.
Aunque al mirarlos sepa que están.
Busco…
Poner la invencible fuerza que tienen los débiles.
Sentirme vulnerable para poder sentirme invencible.
La pasión que se esconde en el rincón
entre lo que he amado y lo que amaré.
La incertidumbre del que siempre se atreve.
La indulgencia de las estimulantes promesas.
Encontrar la insignificante prueba de mi existencia
entre lo que perdí y lo que ganaré.
A quien sea capaz de entenderlo.
Entenderle es valorarle. Yo le entiendo pero sobre todo le valoro. ¿Le entiendes tú?
Te abrazo
Tus zonas erróneas - Wayne Dyer
2. En verdad no puedes crecer y desarrollarte si sabes las respuestas antes que las preguntas.
3. No tienes que saber hacia donde vas, lo importante es estar en el camino.
4. Puede que te sorprenda oir esto, pero el fracaso no existe, es solo la opinión de alguién acerca de como se tienen que hacer las cosas.
5. Cuando bailas, tu objetivo no es ir a un lugar determinado de la pista, es disfrutar de cada paso del camino.
6. El ahora es todo lo que hay, el futuro es simplemente un presente que se vivirá cuando llegue.
7. La gente suele echarle la culpa a sus circunstancias de lo que ellos son, Yo no creo en las circunstancias. La gente que le va bien en la vida corre tras las circunstancias que desean y si no las encuentran, las hacen, se las fabrican.
8. Tu eres quién determina lo que vales sin necesidad de dar explicaciones a nadie. Y tu propio valor que es un hecho en sí, no tiene nada que ver con tu comportamiento ni con tus sentimientos.
9. Puedes mirarte a ti mismo con ojos nuevos y abrirte a nuevas experiencias que nunca llegaste a pensar que podrían estar dentro de tus posibilidades como ser humano, o puedes seguir haciendo las mismas cosas, de la misma manera, hasta que te entierren.
10. Valora el momento presente. Aférrate a cada momento de tu vida y saboréalo.
11. Si te limitas a aceptar la idea de que no puedes evitar ser como eres y que tus emociones simplemente se producen, es evidente que no podrás hacer nada por cambiarlas cuando interfieran en tu vida.
12. El prejuicio se basa no tanto en lo que uno odia o le desagrada, ya sean ideas, actividades o gente, sino en el hecho de que es más fácil y más seguro quedarse con lo conocido.
Abraza la lucha (Embrace the Struggle)
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| Zig Ziglar |
| Zig Ziglar & Julie Ziglar |
Las críticas
La crítica es el arte de juzgar con propiedad las bellezas y las faltas de una actuación, la observación de las bellezas y las faltas, la observación crítica. Siempre de una actuación.
El coronel George Washington Goethels, fue un oficial del ejército de los Estados Unidos y un ingeniero civil, más conocido por haber supervisado la construcción y apertura del Canal de Panamá. Es un ejemplo de alguien que manejó las críticas con eficacia.
Durante la construcción del Canal, tuvo numerosos problemas con la geografía, el clima y los mosquitos. Al igual que muchos de los que dirigen proyectos gigantescos, sus críticos constantemente insistían en el qué y cómo lo estaba haciendo y predijeron que nunca completaría el proyecto.
Él persistió con la tarea y no dijo nada.
Un día un socio le preguntó: "¿No vas a responder a los críticos?"
-Sí -respondió Goethels-.
"¿Cómo?" le preguntaron.
-Con el Canal -contestó Goethels-.
Aunque eso no trajo satisfacción inmediata, el canal mismo trajo la reivindicación a largo plazo.
Ciertamente a nadie le gusta ser criticado, pero de vez en cuando, las críticas tienen un valor real. Si te encuentras en el extremo receptor de la crítica, hazte esta pregunta: "¿Qué interés tiene esta persona (crítica) en mí?"
Un padre, maestro, empresario, jefe o entrenador tiene un interés personal en ti. Si están criticando, lo más probable es que sea desde un esfuerzo para ayudarte a ser mejor de alguna manera. Aunque sus intenciones son buenas, muchas de ellas desafortunadamente no saben cómo hacer, para ayudar a construir a una persona con eficacia. Mientras que, por otro lado, también hay sugerencias y críticas que pueden hacer una diferencia positiva.
Lo que puede estar faltando, y lo que debes recordar si estás en el extremo del que da las críticas, es la llave a la crítica eficaz y provechosa: la observación en el qué y no en el quién.
Mi madre una vez criticó el trabajo de mi hermano en una tarea de dibujo, diciendo: "Para la mayoría de los niños, esto estaría bien. Eres mi hijo y te conozco. Y mi hijo puede hacerlo mejor que esto".Ella había "criticado la actuación" (el que), porque necesitaba mejorar, pero había elogiado al actor (el quién) porque necesitaba la alabanza.
La próxima vez que recibas críticas, y encuentres que tu instinto inicial es atacar de nuevo en contra, toma un minuto para considerar la fuente y la intención. Tal vez entonces serás capaz de tomar lo que se te ofrece y utilizarlo para moverte mejor hacia lo que te propones. Ese es el propósito que debes pretender también cuando la crítica la ejerces tú.
No todos tienen ni tendrán buenas intenciones positivas cuando te critiquen. Pero recuerda que, muchas veces esa gente, lo más cerca que saborean el éxito, es cuando te lo intentan quitar a ti.
Repito: No todos tienen ni tendrán buenas intenciones positivas cuando te critiquen. Pero recuerda que, muchas veces esa gente, lo más cerca que saborean el éxito, es cuando te lo intentan quitar a ti.
Sobre esto último poco puedes hacer. En cambio, sobre lo que sí puedes hacer es en no ser uno de ellos: Cuando critiques, hazlo en el que y no en el quien. Y siempre para intentar hacer una diferencia positiva.
Te abrazo
Madurar
Madurar es aprender que vale más no saber nada de un mundo enorme, que saberlo todo de un mundo pequeñito.No tiene nada que ver con hacerse viejo. Tampoco con hacerse mayor. Groucho Marx decía que eso de hacerse mayor no tiene ningún mérito: Sólo es cuestión de tiempo.
La persona emocionalmente madura tiene:
1. Una identidad desarrollada, sabe quién es y trata de ser fiel a sí misma y sus valores y vivir y comportarse de acuerdo con ello y no según las modas o lo que dicte el grupo al que pertenece.
Siempre me ha hecho gracia ésta frase: Encontrarse perdido: Si te encuentras: ¿Estás perdido?
Sólo es posible otra realidad si no dejas de soñar, como dice Galeano. Aunque te hayas perdido. Aunque te encuentres perdido.
2. Sabe distinguir entre razón y emoción y, aunque puede optar por dejarse llevar por uno u otro aspecto, según lo prefiera, es capaz de elegir en vez de verse dominado por las emociones o tratar de controlarlas recurriendo exclusivamente a la razón.
3. Tiene metas y objetivos realistas que alcanzar y planifica y lleva a cabo las acciones necesarias para lograr dichas metas, sin quedarse solo en palabras o fantasías. Sus metas le ayudan a dotar de sentido a su vida, alcanzar logros y mejorar su situación.
4. No son personas pasivas y dependientes, sino independientes y asertivas, capaces de reconocer sus propios derechos y luchar asertivamente por ellos. Hacen lo posible por reconocer sus defectos y errores y buscan soluciones a sus problemas en vez de culpar a los demás o quejarse. Piden ayuda cuando realmente la necesitan, y la aceptan de buena gana, pero no piden ayuda innecesariamente.
No se sienten a merced de los demás, sino dueños de sus propias vidas.
Buscan el crecimiento y desarrollo personal, son conscientes de sus aspectos positivos y negativos y tratan de ser mejores personas, aprender y conocerse mejor a sí mismos.
Sólo puedes aprender cuando aceptas que te has equivocado. Solo aceptas los errores cuando consideras más importante entender tu realidad y no lo que piensan los demás.
5. Establecen relaciones de igual a igual. Las personas emocionalmente maduras se relacionan con los demás desde su propia independencia e individualidad.Madurar es componer una canción como ésta: If you can read my mind , y ser capaz de volverla a cantar así de “maduramente” bien, treinta años después: If you can read my mind, 30 años después cambiando sólo una palabra. Pero sabiéndola cambiar. Atreviéndose a cambiarla. Aviniéndose a cambiarla. Gordon Lightfoot en la letra final (año 2000) dice "the feelings that WE lack", (los sentimientos que nos faltan) cuando antes decía, en el original "the feelings that YOU lack" (los sentimientos que te faltan). Iba dirigido a su ex-mujer y creo que, básicamente, lo cambió a petición de su hija.
6. No se ofenden con facilidad ni les afectan especialmente las críticas o comentarios negativos de los demás, porque tienen una buena autoestima, saben reconocer sus fallos y aceptarlos, saben tomarse a sí mismos con sentido del humor cuando hace falta, saben que no son perfectos y, en general, tienen una buena opinión de sí mismos que no se ve resquebrajada con facilidad por comentarios negativos.
¿Agradecemos estos esfuerzos en los demás? ¿O nos parapetamos en que al fin y al cabo es solo una palabra? ¿Cuánto nos cuesta a nosotros cambiar ni siquiera una palabra?
7. Tienen una mente abierta, son tolerantes, están dispuestos a tener en cuenta nuevas ideas, a cambiar su modo de hacer las cosas si ven que hay otro mejor, tienen en cuenta los puntos de vista de los demás, aceptan las críticas constructivas y aprenden de ellas. Están dispuestos a hacer cambios si lo consideran adecuado y son capaces de abandonar determinadas conductas que son perjudiciales.#Madurez es esa edad en la que uno deja de engañarse por sí mismo. Y eso puede pasar a cualquier edad.
Reinventarse
Hace tanto calor que esa hoja en el parabrisas me trae a la conciencia de que estamos en otoño. De hecho, aún no me he vuelto a acostumbrar a llevar corbata después del tránsito veraniego sin ella. Esa hoja me hace mirar al cielo con otros ojos mientras aguardo la luz verde. Dos calles más y llegaré. Me estoy jugando hoy casi tres meses de trabajo. Todos los preparativos del cuatrimestre. Y la ciudad y su ritmo diario me han hecho perder el tempo estacional.
Como si fuera una goma elástica el verano se ha estirado y, en cambio, tengo las vacaciones muy lejanas en el recuerdo: Aún no llevo el traje con comodidad a pesar de que no me recuerdo a mí mismo en chanclas y bañador.
El arranque con el cuchillo entre los dientes de mis vecinos laterales me obliga a mirar el verde del semáforo. Con un poco de apuro, para no desentonar con la orquesta de ruido de mi alrededor, también me pongo en marcha. Pero hay algo en mi que quiere resistirse. Hay algo en mi que no acepta volver a hacer las cosas como antes. Me niego a la idea de volver a arrancar y llevar el ritmo y ejecutar todo de ese modo como lo hacía en primavera. No quiero obviar el verano que he pasado. No quiero olvidar todo lo que he aprendido, no sin cierto sufrimiento, a lo largo de toda la canícula. Quiero recordar siempre a ese que me he encontrado a lo largo de la travesía en el desierto. A ese otro yo que he reconocido en mí y que me ha cambiado la vida.
Los cambios se dan en unidades imposibles de medir. Y a pesar de esto, yo me he visto cambiar. Y no quiero olvidarlo.
Algún día, este texto que acabas de leer, espero que se vea publicado en algo más que este blog.
Todas las culturas tienen la tradición de celebrar los solsticios: Hay ritos para la entrada del verano y para la del invierno. Manifiestan los dos movimientos personales principales: La introversión y la extroversión.
Llega diciembre y fin de año y parece que todo el mundo hace un viaje introspectivo. Reflexiona, se acerca a la familia más íntima, se hacen buenos propósitos… Y llega junio y con él la calle, las relaciones tienden a expandirse…
Con los ritos celebrados a lo largo del tiempo aparecen los mitos: La epifanía y el fuego son algunos de los varios que cada época tiene.
Con el fuego limpiamos. Quemamos lo inservible. Lo que no se usa. Es renovación.
Con la venida de los magos de oriente reflexionamos sobre nuestra conducta. O deberíamos hacerlo. Y nos planteamos lo que deseamos; que queremos obtener; nuestras nuevas metas. Es renovación.
Siempre la clave es la renovación. Estamos en una época que constántemente redescubrimos la sopa de ajo. Porque estamos permanentemente olvidando lo que nuestros ancestros ya sabían. Siempre es la renovación y ahora lo llamamos reinventarse. Ya ves: La sopa de ajo que los abuelos de nuestros abuelos ya hacían.
Sea hacia adentro o hacia afuera, los ritos y sus mitos nos plantean cambio.
Pero la primavera y el otoño no son nada. Meras transiciones. Como mucho te aceptaré que son transiciones bien planteadas. Mmmmmm vamos a ver: La primavera, las flores, la manifestación de la vida… Ok. Vale: Celebremos pues el día de la madre como símbolo de vida, fertilidad y todo eso. Preparémonos para la explosión llamada verano. Yyyyyy ¿otoño? Pues preparémonos para la introspección del invierno… Y que mejor que recordando a los difuntos. Y preparémonos para esa “introspección” hacia lo nuestro, lo familiar, lo íntimo llamada Navidad.
Personalmente creo que la primavera y el otoño son lo mismo. Exactamente lo mismo. Piensa que el tiempo atmosférico que hace en otoño… si viniera de estar todo muerto como en invierno, provocaría el mismo estallido de vida que la primavera.
Lo que ocurre es que… …el verano lo quema todo. Las cosas empiezan a morir en otoño porque el verano las quemó. No culpes al otoño: El 90% de la gente escoge otra estación del año como preferida.
No se que día ni a que hora entrará o entró el Otoño. Siempre me ha hecho gracia eso. Como si fuera fácil apreciar alguna diferencia entre el momento 11:03 y el momento 11:05. Y es que, efectivamente, los cambios se dan en unidades imposibles de medir.
Por eso cuando uno cambia… …y lo nota, eso… …eso es un hito. Y debe celebrarse. Porque celebramos las cosas para no olvidarlas. Porque no olvidarlas nos acerca al nuevo cambio que vendrá. Sí, nos acerca, porque no olvidar lo que vas cambiando te ayuda a eliminar los miedos.
Esos que tienes al nuevo cambio que vendrá.
Y cuando venga, ya sabes, todo saldrá bien.
Te abrazo
Gestión del Tiempo –Time Management
Me gustaba provocar así:
Si te quedasen tres meses de vida ¿Qué harías?
Si no lo sabes, quizá contestar a esto te sea más fácil:
¿Estarías haciendo lo mismo que estas haciendo ahora?
Corría el año 91 cuando di el primer curso. “Como aprovechar el tiempo en la gestión directiva” se llamaba. Y había un momento en él, que con estas preguntas, se generaba uno de los debates.
Recuerdo que cuando estaba a punto de finalizar ese primer curso, me pregunté a mi mismo: ¿Les habrá gustado? ¿Les habrá servido? ¿Les será útil todo lo que de aquí se llevan? Y otra cosa: ¿Tendré la oportunidad de volverlo a dar este curso?
Empezó siendo un curso de doce horas que rápidamente pasó a ser de ocho para poderlo “exportar”: Poderlo dar en una jornada en cualquier parte. Cuando llevaba más de 1000 horas impartidas, dejé de contarlas y me dispuse a montar un “formación para formadores” para quien lo quisiera dar. Y lo regalé.
Veinticinco (25) años después, y a lo largo de todos estos dieciséis (16) que lo hago profesionalmente, sigo haciéndome las mismas preguntas: ¿Les habrá gustado? ¿Les habrá servido? ¿Les será útil todo lo que de aquí se llevan? Y otra cosa: ¿Tendré la oportunidad de volverlo a dar este curso? De un tiempo a esta parte, unos tres o cuatro años, en las despedidas de los cursos, un pensamiento recurrente acude a mi cabeza mientras concluyo: ¿Será éste el último?
Mientras llega (porque algún día lo será) me pregunto y te pregunto:
¿Qué legado que quieres dejar?
Imagínate por un momento: Tienes 90 años. Un buen estado de salud y una mente aún aguda y despejada. Es un momento vacacional en el que compartes tiempo con algunos familiares. Niños, nietos, bisnietos… …están por todas partes. Tú, observas toda esta actividad en torno a ti sonriendo por dentro: El fruto de tu vida está ahí, con un poquito de ti en todas partes.
Te tomaste tiempo para enseñar a tu familia los principios y valores que realmente importan. Hiciste todo lo posible para transferir toda esa sabiduría que a ti también te habían transmitido. Incluso creaste historias familiares y leyendas para ayudar a transferir esa sabiduría. Esas historias que son contadas de generación en generación. Esas historias que hacen a tu familia fuerte, única y capaz de resistir las embestidas que la vida da.
¿Cuáles son esas historias? ¿Cuál es ese legado que quieres dejar? ¿Cuáles son esas palabras que, en frases cortas, son la guía que ayudan a cada miembro de la familia a tomar decisiones cruciales en su vida?
Sentado en el porche de tu casa de vacaciones, oyes a dos de los bisnietos hablando. Ellos son primos segundos de dos diferentes partes del país, y que se ven entre sí sólo una vez al año.
El mayor, de 12 años, comienza a hablar al de 9 años. Y le dice: "¿Sabes lo que significa la historia de nuestra familia?" El de 9 años, dice: "Siiiiiiií, pero dímelo otra vez."
Ahora estás sonriendo con tu corazón agradecido al escuchar las tres palabras que componen tu legado.
Pregunta: ¿Cuáles son tus tres palabras? ¿O cuáles querrías que fuesen?
La vida de las personas tienen varios límites. Si te quedaran tres días de vida, ¿Dejarías de fumar y harías dieta? No, porque nuestro objetivo a corto plazo en la vida es el placer.
Si te dijeran que tienes tres meses, querrías irte de viaje, vivir experiencias que nunca has vivido. El objetivo a medio plazo en la vida es descubrir lo extraordinario.
Pero ¿y si te dicen que te quedan tres años? ¿Priorizarías el placer? ¿Te irías a la caza de nuevas experiencias? … … Probablemente, pasarías más tiempo con tu familia y te encargarías de enseñar lo que haces en tu trabajo a tus sucesores. Es decir que nuestro objetivo a largo plazo en la vida es la rutina. Las personas que valoran la rutina no viven estresadas. No les atrae el placer inmediato ni las experiencias efímeras, sino que quieren devolverle a la vida lo que la vida les ha dado hasta ahora.
En eso estamos.
Te abrazo.









